Y vivía mirando por la ventana, mientras los dulces rayos de la luna tocaban su rostro. Durante noches enteras pensaba en como sería su vida fuera de la caja de cristal que sus padres habían construido para ella. La niña de ojos verdes, que generalmente confundías por miel, no sabía como escapar.

Pero al mirar la luna era su momento. Por unos minutos era, finalmente, libre.